miércoles, 5 de octubre de 2011

Hoy en el colegio


Entre todos los compañeros del último curso decidieron auto-regalarse un sillón tipo “fiaca” que el colegio les autorizó a tener. 

¡Qué buena onda el colegio! ¿No?

Sí. Pues bien, hoy, al entrar al aula, Ramiro dormía plácidamente en dicho sillón, sólo molestado por el reciente timbre, la vuelta de los compañeros y la entrada de la docente al salón; molestia a la que reaccionó abriendo un ojo.

Ustedes pensarán que el pobre chico estaba cansado de tanta fiesta de egresados y de tanto estudiar entre ellas para los exámenes de fin de año de la escuela y del ingreso a la universidad.

Y si pensaron lo anterior, también pensaron que el pobre Rami dejaría el cómodo abrazo con ese elemento excepcionalmente permitido en su aula para sacrificarse sobre la dura madera enchapada de la silla de su escritorio e indefectiblemente hacer que prestaba atención a la clase y a la profesora (sustantivo al que hasta ahora no me atrevo a agregar adjetivos calificativos ya que si eligiera escribir los que apenas vislumbro estaban en la cabeza de Rami, pecaría no sólo de mala educación sino que hasta podría ser acusada de infamia. Por otro lado, si eligiera los adjetivos en la cabeza de la docente, podría ser acusada de poco comprensiva)

Pero nadie aquí me conoce y quien se ha tomado un momento para ver quién soy, merece todo mi respeto, mi atención y a esta altura del relato, mi neutralidad sobre el hecho que, si desea, comentará.

Después de abrir el ojo para observar cuál era la pauta y el ritmo de la clase que comenzaba tras el timbre, la decisión evidente fue que no valía la pena exponerse a ser perturbado por un docente que “lo único que quiere es molestarme porque dice que no participo en clase”. Total, si se quedaba dormido en el “fiaca”, ¿qué le molesta?

Como verán, he dado el paso de atreverme a fantasear con lo que pudiera pasar por la cabeza de Ramiro.

Cuando la preceptora entró a justificar la llegada tarde de dos alumnas que venían de cumplir otras tareas pedidas por la escuela, la docente solicitó la atestiguación adulta ante la eventual protesta de Ramiro en caso de apercibimiento. “Pero … ¿vos no lo despertaste?”.

Durante las dos horas de clase, de Ramiro no se escucharon ni ronquidos.

4 comentarios:

  1. había dejado un comentario pero parece que no lo guardó.

    bueno el tipo quizás leyó en algún lado que mientras dormimos aprendemos más que despiertos, quién te dice se levanta hablando un perfecto inglés...

    felicitaciones y bienvenida al mundo virtual, que llegue con muchas alegrías y cosas pá contá.

    beso beso

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  2. Gracias Alelí por tu bienvenida, tu apoyo y por esta percepción positiva de lo que les cuento. Es verdad, veamos la posibilidad de que, a esta altura del secundario, Ramiro podría ser una enciclopedia caminante y que además se haya convertido en un maestro actor porque todas sus acciones demuestran lo contrario.
    La duda: ¿cómo apoya el sistema al maestro para despertar a cada alumno de la manera más conveniente?

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  3. error en la pregunta:

    el sistema NO apoya,
    tritura.

    siempre.

    beso

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  4. Querida Alelí: Qué verdad tan grande y tan triste. ¿Cómo adaptarnos cuando lo que está en juego es el potencial de un ser humano? ¿Muy romántico lo mío?

    Besotes.

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