lunes, 10 de octubre de 2011

Docente: que enseña; enseñar: dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

Convengamos que el sueldo docente no es bueno por más que los que no quieren darse manija digan que estamos mucho mejor que otros años.

Y convengamos también que esto no es de este gobierno ni del anterior sino que sucede lamentablemente desde décadas.

Habiendo convenido sobre las dos anteriores podríamos entonces concluir que en estos largos años no es muy viable que los docentes hayan elegido la carrera por una cuestión económica ni, y esto sí tiene que ver más con las últimas décadas, de estatus.

Permítanme aclarar la última afirmación: Hoy el maestro no es aquella persona que sabe mucho más y a quien se debe respetar a rajatabla sino que es más bien un amigo, en el mejor de los casos, y en el peor, un enemigo a quien abatir o de ser posible ignorar.

Conozco algunos, muy pocos, que disfrutaron o disfrutan de ir al colegio a estudiar, pero creo que es bastante universal que en general, no es algo que apasione o que los chicos encuentren de su preferencia. Si pudieran elegir entre estudiar para un examen o navegar en su computadora, está claro qué optaría por hacer la mayoría.

Hasta aquí, los chicos. Pero estamos los docentes. Docente es aquel que enseña. ¿Enseña lo que él sabe y el otro no? Sí, puede ser, pero también, enseña con su observación del comportamiento del otro en forma aislada y en forma social, y entreviendo conductas y potenciales dejar aparecer, ayuda al adulto en formación a auto-parirse al mostrarle, enseñarle su propia imagen en espejos como en un espejo.

Estoy convencida de que esa entrega es un acto de amor que comienza en marzo cuando entramos a clase y damos miles de oportunidades para que los que cuelgan de la soga se dejen rescatar y amar.

Y a veces el amor requiere de cariño y dulzura y a veces el amor requiere de una mayor rigurosidad. ¿O acaso una mamá a que pega un grito desesperado a su hijito de 3 años que se le soltó y corre hacia la calle es una madre abusadora? ¿O será que supo que si en ese instante aplicaba la pedagógica explicación: “nene, la calle es peligrosa, no te sueltes de la mano de mamá” después ya no iba a tener hijo con quien cruzar la calle?

Si valoramos la actitud de la madre para la supervivencia del hijo, ¿por qué las instituciones (familiar, escolar y gubernamental) ponen en duda la actitud y la palabra del maestro, del profesor, del docente, que, más allá de querer que los chicos aprendan una materia, quiere apoyar los a auto-parirse, a ser personas autónomas y de bien? Porque, como dije antes, ese, y no otro, es el motivo y el incentivo diario. 

2 comentarios:

  1. muy profunda tu mirada pero sabrás que tb hay poca capacidad de hundirse, las personas hoy quieren soluciones prontas, diagnósticos tranquilizadores y el inagotable "no te metas".

    es un momento difícil pero personas como vos, hacen la diferencia.

    beso

    ResponderEliminar
  2. Hola mi querida Alelí, Sí, la tolerancia a la frustración es cero, (no sólo en los chicos, que sería lo normal, sino en los adultos) lo que nos torna agresivos y nos hace cosificar al otro.

    Gracias por tu voto de confianza y esa buena energía.
    ¡Que empieces una hermosa semana!

    ResponderEliminar