Es increíble cómo la pavada más grande te puede cambiar la vida sin que te des cuenta.
Vivimos, al menos yo, con la fantasía de que los cambios se producen con un estruendo o con un sonido de trompetas de esos que anuncian una entrada triunfal, aplausos, lágrimas y qué se yo cuantas cosas más que podríamos agregar, que anuncie la llegada de un cambio certero en el que veamos claramente cómo la página se da vuelta para dar lugar a un nuevo capítulo con título y todo: “me recibo y al día siguiente todo es libertad”, o “me caso y a partir del día siguiente soy feliz para siempre”, o “me compré el auto y soy en guacho pistola que se levanta a todas las minas” o “cuando la vi, supe que era el amor de mi vida”, chaaaannnn. Lo cierto es que toda esa fanfarria existe, dicen, pero a veces se siente claro y fuerte y a veces es más humilde y no.
Esta historia que les voy a contar, es un ejemplo de en las que no.
¿Recuerdan que hace poco les conté sobre un encuentro bizarro en un bondi?
Bueno pues, resulta que aquella historia hizo mella en varias personas que fueron testigos de la misma. La mía, ya se las conté, y desde entonces me he iniciado en un mundo del que ya les contaré.
Pero hoy no quiero escribir sobre eso todavía ya que estoy tan sorprendida con lo que estoy descubriendo que no sabría aún por donde comenzar a contarles. No, hoy quiero contarles sobre el efecto “rubia-bondilero” que disparó uno de esos momentos bisagra en la vida de otro pasajero (no yo) que ese día iba atento.
¿Cómo? ¿Por ser un chusma que escucha conversaciones ajenas?
¡Noup! Por reconocer y laburar lo que eso que vio disparó en él.
Luego de presenciar el encuentro entre el chofer y la rubia, este chico, al que llamaré Horacio, quedó muy intrigado (una forma de ponerle un nombre conocido a algo que él todavía desconocía y que se llama pasión)
Esa noche le llamó la atención que, a diferencia de lo que venía experimentando frecuentemente en los últimos meses, no tuvo pesadillas en las que se ahogaba. Por el contrario, soñó que su novia Violeta, a quien venía sintiendo muy ausente, lo abrazaba con una emoción que, también se dio cuenta en el sueño, nunca había sentido. Su cuerpo se convertía en mar caliente y, primero con ella y luego solo, buceaba en las profundidades para luego salir a la superficie en el medio de un mar calmo y transparente sintiéndose limpio, liviano y poseído por una extraña energía.
Cuando despertó la miró dormir a su lado y con un dejo de tristeza concluyó que no había soñado sino que se había animado a aceptar lo que hacía tiempo hacía ruido en su interior (aquí se debería escuchar el chaaaannnn) Hacía un par de años que convivían y habían hablado de tener un hijo. Sin embargo y con todo lo que deseaba concretar ese proyecto, Horacio venía teniendo pesadillas en las que, como ya mencioné, sentía que se ahogaba.
Se levantó en silencio mientras Violeta seguía durmiendo, desayunó un par de mates y tras una ducha rápida y renovadora se fue a la oficina. Pasó el resto del día metiéndose en Internet cada vez que el jefe se ponía a hablar por teléfono. Para el final de la jornada laboral se llevaba una información que era el eje de su día y quién sabe, quizás también de su futuro con Violeta. O sin ella.
Esa noche y con una seguridad que lo sorprendió hasta a él mismo, mientras se hervían los spaghettis y con una copa de tinto en la mano, le soltó a su novia que sin saber qué sabía que algo entre ellos estaba dormido y que así no estaba bueno seguir. La amaba y no quería tirar su proyecto por la borda sin pelearla. Para eso tenían que hacer algo al respecto.
No encontró sorpresa en Violeta y de alguna forma eso tampoco lo sorprendió. Claro que esto no le estaba pasando sólo a él. Ella sentí lo mismo pero no había sabido encararlo y así era que estaban transitando los dos por una inercia que conducía al aburrimiento inevitable. Qué bueno que el encuentro de la rubia y el bondilero había disparado el encuentro más sutil del deseo y el ir por ello.
Y aquí entonces vino la segunda parte, la parte en la que, cuando parecía que todo estaba perdido dentro de esta inercia, Horacio le dijo que quería que hicieran algo juntos que los divirtiera y los acercara, que además había estado averiguando y había encontrado qué era lo que podían hacer.
“Horacio, vos sabés que mi experiencia con psicólogos es amplia y la verdad que no tengo ganas de enfrentar una terapia en la que me pregunten qué me pasó con Fulana cuando era chica y con Sultano de más grande y toda esa huevada. Si tenemos que terminar o seguir laburémoslo nosotros”.
“No Viole no, algo mucho mejor y hasta divertido que creo que nos va a hacer bien.” Los ojos de Horacio sonreían e intrigaron a Violeta.
No se le ocurría cómo ni qué podía haber en la cabeza de Horacio, … a menos que… ¿un viaje? Pero dijo económico.
“Sí gorda, es un viaje, adictivo, y de ida, dicen, pero sin peligros mayores a los de llegar al laburo muy dormido. Se llama tango.”
Ya hace varios meses que Viole y Horacio toman clases de tango. Pospusieron el proyecto del hijo para dentro de un tiempo, cuando vean cómo sigue la relación. Por ahora cada noche que pueden, se hacen una escapada a la milonga y se abrazan como en aquel sueño de Horacio la noche en la que una simple anécdota de bondi le cambió la vida. Y cuando llegan a casa, ella lo besa apasionadamente y él no tiene pesadillas.
te quedó divino!
ResponderEliminarescribís muy lindo!
viva por esos dos...cdo no hace mucho fui a la milonga vi la pasión que tenían algunas parejas y la sensualidad con la que se movían y la verdad, me quedé sorprendida.
si eso es lo que tiene por delante esa pareja, o muchas otras, bienvenido sea el encuentro bondístico.
beso beso
Creo en las pequeñas cosas que actúan como disparadores. Creo como creía en Papá Noel, aunque acá no habrá desengaño.
ResponderEliminarMuy bueno lo suyo.
Un saludo.
Alelí: Gracias, gracias y un brindis, por esos dos y por tantos otros dos. Besote para vos también.
ResponderEliminarAh y... ¡gracias!
Yoni: Tengo muchos deseos de brindar así que aquí va con usté un brindis por los disparadores, por creer y por la ilusión del no desengaño. ¡Muchas gracias y tenga usted muy buen fin de semana!
Creo que ni la rubia ni el bondilero se imaginaran el efecto que provoco en este caballero ese encuentro sorpesivo e inocente entre ellos,pero evidentemente en esos minutos que duro el encuntro se transmitio mucha pasion. Por momentos recorde a Richard Geere en la pelicula "Bailamos?" ..... como hago tan simple puede provocar un cambio tan grande si se sigue el instinto!!!
ResponderEliminarPaseandera: Ese es el punto precisamente. Y brindo con vos por más momentos de animarnos a seguir al instinto que nos lleven a lugares maravillosos.
ResponderEliminarUn abrazo querida Paseandera.